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on martes, 20 de octubre de 2015

Miércoles 21 de octubre 2015 | Lecturas Devocionales para Damas | A prueba de fuego, a prueba de agua



Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud. Eclesiastés 12:1
En estos tiempos peligrosos deberíamos prestar atención a estas palabras. Debemos tratar de que los jóvenes se mantengan firmes en sus principios y creencias en un Salvador vivo y presto a retornar. A la hora del culto, recordemos a nuestros hijos que deben tener siempre presente al Señor al tomar cualquier decisión, y luego confiar en que él hará. Compartamos con ellos las experiencias y pruebas que hemos tenido, y los triunfos de fe que hemos experimentado. Esta es una experiencia que he contado a mis hijos para edificar y fortificar su fe.
cuando yo estaba por graduarme del último año del colegio en mi país, la mayoría de los exámenes finales estaban programados en sábado. Recuerdo que el pastor de mi iglesia fue a hablar con el director de la escuela, para que me dieran la oportunidad de rendirlos en otro día, pero le dijeron que no. El pastor me dijo: “Es tuya la decisión. Sabes que no podrás graduarte con tus compañeras si decides no rendir los exámenes en sábado”.
Llegó ese día del Señor. Mientras me alistaba para ir a la iglesia, sonó el teléfono: era mi consejero, diciéndome que me estaban esperando para cerrar la puerta y empezar el examen. Dijo que me daban quince minutos para llegar…
Cortésmente le dije que no me esperaran; que nada me iba a hacer cambiar de opinión. Comenzaron las alegaciones y la presión: “Tu Dios no se va a enojar… Es tu futuro… Él quiere lo mejor para ti…”. Le volví a reiterar que no iba, pero le agradecí por preocuparse por mí.
No pude marchar con mis compañeras; pero a pesar de eso, ellas me escogieron para dar el discurso de graduación, y todos los profesores me dieron un fuerte abrazo, sin palabras. Me gradué dos meses después, yo sólita, sin alboroto ni celebraciones. Pero hoy, treinta años después, me alegro de esa decisión que tomé cuando tenía dieciséis años; y sigo alabando a Dios y confiando en el maravilloso y buen Jesús que nunca me ha dejado.
Querida lectora: no importa tu edad, tu situación, el lugar donde estés, ni siquiera quiénes te rodeen. Levanta tu vista al cielo y entrégate totalmente al Todopoderoso.— Josefina Pérez.